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COLINA GELLÉRT

Uno de los elementos más dominantes del paisaje ribereño del Danubio es la Colina Gellért, que se eleva de forma imponente sobre el perfil de la ciudad. En su cima se encuentran la Ciudadela y la Estatua de la Libertad, que juntas se han convertido en uno de los símbolos más icónicos de la capital húngara. La colina es una reserva natural protegida y toda la zona, incluidas sus vistas panorámicas, forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

La colina lleva el nombre de San Gellért (Gerardo), un obispo que en el siglo XI apoyó al joven rey San Esteban en el establecimiento del cristianismo en Hungría. Según la leyenda, los paganos colocaron a Gellért en un barril y lo arrojaron colina abajo, causándole la muerte como mártir. Este hecho es conmemorado por la estatua de San Gellért, visible en la ladera de la colina.

La Ciudadela es una fortaleza construida por los austríacos tras la represión de la Revolución Húngara de 1848–49, con el objetivo de mantener el control militar sobre Buda y Pest.

Junto a ella se alza la Estatua de la Libertad, inaugurada en 1947. Representa una figura femenina alegórica que sostiene una hoja de palma en alto, símbolo de la libertad y la paz. Originalmente fue erigida para conmemorar la liberación de Hungría por parte del Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial, y desde entonces se ha convertido en uno de los monumentos más reconocidos de Budapest.

A los pies de la colina se extiende un sistema de cuevas naturales, formadas a lo largo de miles de años por las aguas termales que ascienden desde las profundidades del subsuelo. Este fenómeno geológico dio lugar a la creación de la Iglesia de la Roca (Sziklatemplom), situada dentro de una cueva natural. Hoy en día, la iglesia sigue abierta a los visitantes con fines religiosos y culturales.

Pero la singularidad de Budapest no reside solo en su apariencia. Bajo la ciudad existen 123 manantiales termales activos, que llevan a la superficie alrededor de 80 millones de litros de agua rica en minerales cada día. Esto convierte a Budapest en una de las capitales balnearias más importantes de Europa, otorgándole el apodo de “la Perla del Danubio”. Tanto los antiguos romanos como, más tarde, los turcos otomanos aprovecharon estas aguas curativas, que hoy alimentan numerosos complejos termales de fama mundial, como los Baños Gellért, Rudas y Széchenyi.

A los pies de la Colina Gellért se encuentran dos famosos balnearios. Los Baños Gellért, que forman parte del mismo complejo arquitectónico que el histórico Hotel Gellért, fueron construidos a principios del siglo XX en estilo modernista.

El otro es el Baño Rudas, cuyos orígenes se remontan al período de dominación otomana: fue construido en la década de 1550 y sigue en funcionamiento en la actualidad. Ofrece una piscina panorámica en la azotea con vistas espectaculares, mientras los visitantes se relajan en las cálidas aguas termales. Curiosamente, en la cultura balnearia de Budapest aún existe una tradición particular: el llamado “día del delantal masculino”, que permite una experiencia de sauna natural reservada exclusivamente para hombres.